Una madre que sufre por el cuerpo de su hijo muerto en su regazo. Nadie ha retratado tan magistralmente ese momento como Miguel Ángel Buonarroti. La escena representada se conoce como Pietà. De idioma italiano, Pietà significa Piedad o misericordia.

A pesar del nombre italiano, el origen de esta representación fue un encargo de un cardenal francés llamado Jean de Bilhères, este tipo de representación no era común en Italia, sino más bien del norte de Europa.

Sin embargo, fue Miguel Ángel quien definitivamente dio los más famosos esbozos de lo que se convertiría en la Piedad más grande y más comentada de todos los tiempos.

La Piedad de Miguel Ángel

La Virgen mira hacia abajo, no necesariamente a Cristo, sino a sí misma. La expresión de tristeza es sutil, pero está ahí, presente.

María en la Piedad

Su cuerpo es lo suficientemente grande como para aguantar a ese hombre adulto, con un cuerpo robusto. Claramente las dimensiones de María son demasiado grandes comparadas con las de Cristo.

De pie sería una gigante. Pero aquí es donde Miguel Ángel nos muestra que el regazo de una madre es lo suficientemente grande como para soportar cualquier edad de un hijo. Aunque desproporcionada, Miguel Ángel disfraza esta diferencia con la hermosa cortina de ropa que cae sobre sus piernas.

La apariencia juvenil, casi adolescente, de María, contrasta con la edad de Cristo. Parece que María se ha detenido en el tiempo, o que tal vez esta escena sea un vistazo al futuro de ese bebé que lleva en sus brazos, pero que un día será un cuerpo sin vida, cruelmente maltratado.

La explicación de Miguel Ángel es que una mujer casta como la Virgen, incorrupta «por el más mínimo deseo lascivo», conservaría su aspecto juvenil durante mucho más tiempo del habitual. La frescura virginal, en su opinión, habría sido mantenida por Dios, para enfatizar la pureza de María.

Independientemente de la explicación, el efecto en el espectador es ciertamente mayor, ya que tal sufrimiento, infligido a una joven, es mucho más triste y, aparentemente, más injusto.

Jesús en la Piedad

El cuerpo de Jesucristo es quizás la escultura más intrigante que un artista puede proponerse hacer: dar al mármol el aspecto vivo de la carne, pero a su vez, en un cuerpo que no respira y donde el corazón ya no late.

El abdomen de Jesús, perfecto en todos los detalles anatómicos, revela que allí no hay más aire. Los pulmones están vacíos. Un cuerpo exuberante pero pesado, caído en el regazo de María.

Los rasgos de Cristo son sutiles, la paz proviene de la alegría de haber cumplido su misión.

La armonía de la Pietà es total

La composición piramidal, que tiene en María los ejes principales, es agradable a la vista. Nada está fuera de lugar. Vemos que, aunque María sostiene a Cristo sólo con su brazo derecho y tiene su mano izquierda hacia el cielo, como en un momento de oración, nada de esto ensombrece la composición, al contrario, todo es luz.

Desafortunadamente, todos estos detalles de esta hermosa obra de arte sólo pueden ser observados por fotografías.

Miguel Ángel la creó para ser observada de cerca, a la altura del espectador, pero hoy la vemos, protegida a través de paneles transparentes de seguridad, en un punto más alto que nuestra mirada.

Visitar la Piedad de Michelangelo

Ubicada actualmente en el interior de la Basílica de San Pedro en el Vaticano, este no era el lugar originario para el que se pensó destinar esta escultura, sino para la antigua Capilla de Santa Petronilla, demolida cuando Bramante comenzó la construcción de la actual Basílica.

A diferencia de la iluminación artificial que recibe hoy en día la Piedad, la intención de Miguel Ángel era visualizar parte de la obra en el crepúsculo y otra parte bajo la luz natural entrando por las ventanas de la capilla. El culmen de su belleza se completaría cuando, en un momento determinado del día, los rayos de luz alcanzarían el rostro de María y poco después al de Cristo.

El juego de luces y sombras fue ciertamente parte de un espectáculo magistralmente calculado, lamentablemente ya no lo tenemos, pero afortunadamente aún existe su obra, perfecta y en su esplendor, accesible para todos los amantes de la belleza.

Algunas curiosidades sobre la Piedad

En 1972 sufrió un acto vandálico que supuso la destrucción a martillazos del brazo y parte del rostro de María. Tras una meditada decisión, el Vaticano restauró la obra para que recuperase su belleza original evitando dejarla desfigurada.

Extrañamente Miguel Ángel dejó su firma en la banda que atraviesa el pecho de María, algunos dicen que fue por miedo a no recibir el crédito prometido al escuchar que se pretendía atribuir la obra a otra persona (al escultor milanés Cristoforo Solari) y Buonarroti no estaba dispuesto a ello.

No olvidemos que Miguel Ángel solo tenía 22 años cuando la creó y este fue uno de sus primeros encargos romanos. Sea cual sea la razón, es la única obra que Miguel Ángel ha firmado. Después de la Piedad nunca fue necesario firmar sus obras, su nombre ya quedó grabado para la posteridad.

Miguel Ángel Buonarroti ha capturado la simbología divina con una sublime sutileza que nos habla a todos. Marcó en la piedra, con perfección y delicadeza, a Cristo muerto en los brazos del ser más puro, digno del mayor gozo y honor concedido a una mujer: dar a luz a lo divino.

Y, por la misma grandeza, capaz de soportar el mayor dolor: recoger de la cruz al que más amaba.

En tu visita al Vaticano, contemplar en silencio la Piedad, en el interior de la Basílica, es imprescindible para que tu viaje sea completo. Aquí tienes el acceso preferente sin colas a la Basílica de San Pedro del Vaticano.