La Sala de los Animales del Vaticano: una de las salas más fascinantes de los Museos Vaticanos

por | Curiosidades

Antes de seguir leyendo, quédate con estas ideas clave.

  • La visita se centra en hay rincones dentro de los Museos Vaticanos que la mayoría de los visitantes pasa por alto, absortos en la carrera hacia la Capilla Sixtina.
  • Es vital entender que qué es la Sala degli Animali y dónde encaja en los Museos Vaticanos.
  • Por otro lado, recuerdo la primera vez que entré: esperaba una sala de transición, algo menor, y me encontré con un bestiario de mármol y piedras de colores que me dejó completamente parado en el umbral.
  • Además, se observa que leones, águilas, caballos, perros, serpientes, camaleones… decenas de criaturas esculpidas con una precisión anatómica que sigue resultando asombrosa siglos después de que salieran del taller.

Hay rincones dentro de los Museos Vaticanos que la mayoría de los visitantes pasa por alto, absortos en la carrera hacia la Capilla Sixtina. La sala de los animales vaticano es, probablemente, el más injustamente ignorado de todos ellos.

Recuerdo la primera vez que entré: esperaba una sala de transición, algo menor, y me encontré con un bestiario de mármol y piedras de colores que me dejó completamente parado en el umbral. Leones, águilas, caballos, perros, serpientes, camaleones… decenas de criaturas esculpidas con una precisión anatómica que sigue resultando asombrosa siglos después de que salieran del taller.

Esta guía es para quienes quieren entender lo que están viendo antes de llegar, disfrutarlo con criterio mientras están allí y salir con la sensación de haber descubierto algo que la mayoría dejó atrás.

Qué es la Sala degli Animali y dónde encaja en los Museos Vaticanos

La sala degli animali vaticano forma parte del Museo Pio-Clementino, el núcleo más antiguo de los Museos Vaticanos tal como los conocemos hoy. Este museo fue fundado por el papa Clemente XIV a partir de 1771 y ampliado de forma decisiva por Pío VI, de quien toma el nombre compuesto. El proyecto arquitectónico corrió a cargo de Michelangelo Simonetti y, posteriormente, de Pietro Camporese, y supuso una de las reorganizaciones museísticas más ambiciosas del siglo XVIII en Europa.

Dentro de ese conjunto, la Sala de los Animales ocupa un lugar peculiar: no es una sala única en sentido estricto, sino un espacio dividido en dos ambientes comunicados, recubiertos de mosaicos antiguos en el suelo y repletos de esculturas que representan animales reales y mitológicos. La sensación al recorrerla es la de moverse dentro de un gabinete de curiosidades naturalistas de lujo, donde cada pieza compite con las demás por llamar tu atención.

El recorrido habitual por el Museo Pio-Clementino lleva al visitante a través del Atrio delle Quattro Porte, el Gabinetto dell’Apoxyomenos, el Vestíbulo Redondo y el Vestíbulo Cuadrado, pero la Sala de los Animales es la que más veces me ha hecho detenerme más tiempo del previsto. Hay algo hipnótico en ver tantos seres representados con tanto detalle en un mismo espacio.

Historia y origen de la colección: del coleccionismo papal al museo público

La colección que hoy se exhibe en la sala de los animales vaticano tiene raíces que se remontan a la Antigüedad romana, aunque su configuración actual es fruto de las grandes campañas de excavación y adquisición del siglo XVIII. Durante ese periodo, Roma vivió una fiebre arqueológica sin precedentes: las villas suburbanas, las termas imperiales y las necrópolis de los alrededores de la ciudad devolvían constantemente fragmentos de estatuas, relieves y mosaicos que los papas compraban, encargaban restaurar y exponían en sus palacios.

Pío VI fue especialmente activo en este sentido. Bajo su pontificado, los Museos Vaticanos recibieron cientos de piezas procedentes de excavaciones en Tívoli, Anzio, Lanuvio y otros yacimientos del Lacio. Muchas de las esculturas que hoy pueblan la Sala de los Animales llegaron entonces, algunas en un estado de conservación aceptable y otras reducidas a fragmentos que requerían una intervención sustancial antes de poder exhibirse.

Lo que distingue a esta sala de otras colecciones de escultura antigua es precisamente el criterio temático: se decidió reunir aquí todas las representaciones de animales, tanto las piezas originales íntegras como las que necesitaron restauración. Esa decisión, que en el siglo XVIII parecía una clasificación natural, hoy nos ofrece una visión extraordinaria de la zoología tal como la entendían los romanos y de los límites entre lo real y lo fantástico en la imaginería antigua.

Las excavaciones que alimentaron la sala

Muchas de las esculturas provienen de la Villa Adriana en Tívoli, la residencia imperial que Adriano mandó construir en el siglo II d.C. y que fue saqueada sistemáticamente a lo largo del Renacimiento y el Barroco. Otras llegaron de las termas imperiales de Roma —las de Caracalla, las de Diocleciano— y de colecciones nobiliarias romanas que los papas fueron comprando o confiscando a lo largo de los siglos. El resultado es una mezcla de procedencias que hoy sería impensable en términos de gestión patrimonial, pero que en su momento reflejaba la lógica del coleccionismo ilustrado: lo importante era reunir, clasificar y mostrar.

Francesco Antonio Franzoni: el escultor que dio vida a la sala

Hablar de la sala degli animali vaticano sin hablar de Francesco Antonio Franzoni es imposible. Este escultor genovés, nacido en 1734 y fallecido en 1818, fue el responsable de la restauración y, en muchos casos, de la creación casi completa de buena parte de las esculturas que pueblan la sala. Su labor fue tan determinante que algunos historiadores del arte lo consideran el verdadero autor intelectual del conjunto tal como lo vemos hoy.

Franzoni trabajó bajo la dirección del anticuario Giovanni Battista Visconti y, más adelante, de su hijo Ennio Quirino Visconti, quienes establecían los criterios iconográficos de las restauraciones. Pero la ejecución material era de Franzoni, y su talento para integrar fragmentos antiguos con añadidos modernos de manera coherente resulta admirable incluso cuando se sabe lo que se está mirando.

¿Restauración o creación? El debate historiográfico

La práctica del siglo XVIII en materia de restauración escultórica era radicalmente distinta a la que aplicamos hoy. Donde ahora se respeta el fragmento original y se documenta claramente cualquier intervención, entonces se completaba la pieza hasta hacerla visualmente íntegra, a menudo añadiendo partes que no se correspondían con el original o que directamente se inventaban a partir de fuentes literarias o paralelos iconográficos.

Franzoni llegó más lejos que la mayoría: en varios casos, el fragmento antiguo es mínimo —una pata, un trozo de torso, una cabeza— y el resto es obra suya. Hay esculturas en la sala que son, en el fondo, creaciones del siglo XVIII con un pequeño porcentaje de mármol antiguo. Esto no las hace menos interesantes; al contrario, las convierte en documentos fascinantes de cómo el Neoclasicismo entendía la Antigüedad y qué animales le parecían dignos de representación monumental.

La historiografía moderna ha ido identificando y documentando estas intervenciones, y hoy los catálogos del museo señalan con precisión qué partes son antiguas y cuáles son obra de Franzoni u otros restauradores. Leer esas fichas antes de la visita enriquece enormemente la experiencia.

Las esculturas más destacadas de la Sala de los Animales

Uno de los mayores placeres de recorrer la sala de los animales roma es la variedad zoológica que se despliega ante los ojos. No hay un orden jerárquico obvio: una escultura de camaleón puede estar junto a un león de tamaño natural, y un grupo de perros de caza puede flanquear una representación de animales exóticos que los romanos conocían solo por los relatos de viajeros o por los espectáculos del anfiteatro.

El camaleón de mármol policromo

Una de las piezas que más me impresionó en mi primera visita fue precisamente una de las más pequeñas: un camaleón realizado en mármoles de distintos colores que imitan la textura y los tonos del reptil con una sofisticación técnica que cuesta creer que sea de hace dos milenios. La elección del material no es casual: los escultores romanos usaban la policromía marmórea para simular la piel de los animales, y el resultado en este caso es de una modernidad sorprendente.

Los leones y los animales de caza

Los leones son, quizá, las piezas más monumentales de la sala. Varios ejemplares de diferentes procedencias y épocas conviven en el espacio, algunos con una expresividad en el gesto que recuerda la tensión de los mosaicos de caza que decoraban las villas imperiales. Ver estas figuras en contexto ayuda a entender por qué el león era para los romanos el símbolo del poder imperial por excelencia: no solo por su fuerza, sino por la elegancia con que los escultores conseguían capturar su presencia.

Los perros de caza, en cambio, tienen una dimensión más cotidiana y, paradójicamente, más emotiva. Algunos están representados en actitud de reposo, con esa mezcla de vigilancia y abandono que cualquiera que haya tenido un perro reconoce al instante. La habilidad de los escultores romanos para capturar comportamientos animales específicos es uno de los rasgos más modernos de toda la colección.

Animales exóticos y fantásticos

Roma era el centro de un imperio que se extendía desde Britania hasta Mesopotamia, y su arte refleja ese contacto con fauna que los artistas mediterráneos conocían solo de oídas o de los espectáculos de la arena. Los elefantes, los rinocerontes, los hipopótamos representados en la sala tienen una mezcla curiosa de observación directa —algunos artistas o patrones sí habían visto estos animales— y de interpretación libre cuando la información fallaba.

También hay presencia de criaturas mitológicas: grifos, hipocampos, animales híbridos que poblaban el imaginario romano con la misma naturalidad que los animales reales. Esta convivencia entre lo natural y lo sobrenatural es uno de los rasgos más distintivos de la sala y uno de los que más da que pensar sobre cómo los romanos categorizaban el mundo natural.

Los mosaicos del suelo: otro tesoro bajo los pies

Uno de los errores más frecuentes que veo en los visitantes es que entran mirando hacia arriba y hacia los lados, pero no bajan la vista al suelo. Los mosaicos de las esculturas animales museos vaticanos no son los únicos elementos de interés en el pavimento: la sala tiene suelos de mosaico antiguo, algunos de gran calidad, que complementan temáticamente las esculturas que los rodean.

Estos mosaicos, procedentes en su mayoría de excavaciones en villas romanas, representan escenas de la naturaleza, animales marinos, motivos geométricos y figuras de gran refinamiento técnico. El uso del opus vermiculatum —la técnica de mosaico con teselas muy pequeñas dispuestas siguiendo el contorno de las figuras— permite un nivel de detalle comparable al de la pintura, y en algunos paneles la sensación de movimiento del agua o del pelaje animal es casi ilusionista.

Tomarse un momento para observar el suelo con detenimiento, algo que requiere un pequeño esfuerzo de atención consciente cuando hay mucha gente, recompensa con una visión más completa de lo que los romanos entendían por decoración zoológica integrada.

Consejos prácticos para visitar la sala de los animales en 2026

Saber qué ver está bien, pero llegar en las condiciones adecuadas marca la diferencia entre una experiencia memorable y una frustrante. Los Museos Vaticanos reciben millones de visitantes al año y, aunque la Sala de los Animales no está en el circuito principal de las aglomeraciones —que se concentran en la Galería de los Mapas y la Capilla Sixtina—, el flujo de personas puede ser importante en temporada alta.

Cuándo ir y cómo reservar

La recomendación más práctica que puedo dar es reservar la entrada con antelación a través de la web oficial de los Museos Vaticanos. En 2026, la demanda sigue siendo muy alta y presentarse en taquilla sin reserva puede suponer esperas largas o directamente no poder entrar en días de máxima afluencia. Las entradas suelen rondar los veinte euros para adultos, aunque conviene verificarlo en la web oficial antes de comprar, ya que los precios pueden variar según el tipo de entrada o las visitas guiadas disponibles.

Los horarios de apertura varían según la época del año y los días festivos. En términos generales, el museo suele abrir por las mañanas y cerrar a media tarde, aunque los lunes permanece cerrado salvo algunos días especiales. Confirmar el horario actualizado en la web oficial antes de planificar el día es imprescindible.

Cómo llegar a los Museos Vaticanos desde el centro de Roma

Desde el centro de Roma, la forma más cómoda de llegar es en metro hasta la estación Ottaviano de la línea A, desde donde el acceso a los museos queda a unos diez o quince minutos a pie. También hay varias líneas de autobús que paran en las proximidades de la entrada en Viale Vaticano, aunque conviene confirmar los recorridos vigentes antes de confiar en información que pueda estar desactualizada.

Si se viene desde la zona de Trastevere o del Tíber, cruzar el río por Castel Sant’Angelo y continuar a pie es una opción agradable que además ofrece una perspectiva bonita de la muralla leonina y la cúpula de San Pedro.

Cómo no perderse la Sala de los Animales dentro del museo

Este es un consejo que doy siempre: coger el plano del museo nada más entrar y marcar la ubicación de la Sala de los Animales antes de empezar el recorrido. El Museo Pio-Clementino está bien señalizado, pero la cantidad de salas y la tendencia natural a dejarse llevar por el flujo de visitantes hace fácil pasar de largo sin darse cuenta.

La sala queda en una de las alas del Pio-Clementino, antes de llegar al Gabinetto delle Maschere y a la Sala delle Muse. Si se sigue el recorrido estándar desde el atrio de entrada, la señalización lleva hasta allí, pero conviene no acelerar el paso en esa zona porque es donde muchos grupos organizados empiezan a correr hacia la Sixtina.

Qué ver en los Museos Vaticanos más allá de la Sala de los Animales

Una vez descubierta la sala de los animales, tiene sentido completar el recorrido por el Museo Pio-Clementino con calma. El Gabinetto dell’Apoxyomenos, con la célebre copia romana del atleta que se limpia el aceite, está muy cerca. La Sala Rotonda, con su impresionante cúpula inspirada en el Panteón y sus estatuas colosales, merece al menos veinte minutos de atención. Y el Laocoonte, en el Cortile Ottagono, sigue siendo una de las esculturas más perturbadoras y emocionalmente intensas de toda la historia del arte.

La Galería de los Tapices y la Galería de los Mapas, aunque siempre llenas de gente, merecen la visita por razones distintas: los tapices por su escala y detalle narrativo, los mapas por la ambición cartográfica y la belleza de los colores, que en 2026 siguen siendo de una viveza llamativa después de siglos.

Y, claro, la Capilla Sixtina. Pero si se llega a ella después de haber pasado por la Sala de los Animales y el resto del Pio-Clementino con la atención puesta en lo que se ve, la experiencia de los frescos de Miguel Ángel cobra una densidad diferente. Se entienden mejor dentro de una tradición artística que ya se ha empezado a leer en las salas anteriores.

Si algo me llevo de cada visita a la sala de los animales es la certeza de que los museos grandes se disfrutan mejor cuando uno se permite detenerse en lo que nadie más parece ver. Hay algo en la idea de que un visitante se pare ante el camaleón de mármol policromo mientras la mayoría sigue caminando que me parece el mejor resumen posible de lo que significa viajar con curiosidad real. Esa sala te está esperando, y merece más tiempo del que casi nadie le da.

Los precios, horarios y condiciones de acceso pueden variar. Consulta siempre la web oficial del monumento antes de tu visita.

Preguntas Frecuentes sobre la Sala de los Animales del Vaticano

¿Qué es la Sala de los Animales del Vaticano y dónde se encuentra?

La Sala de los Animales es parte del Museo Pio-Clementino, el núcleo más antiguo de los Museos Vaticanos. Fundado por el papa Clemente XIV a partir de 1771 y ampliado por Pío VI, este espacio se divide en dos ambientes comunicados decorados con mosaicos antiguos y repleto de esculturas de animales reales y mitológicos. Representa un gabinete de curiosidades naturalistas de lujo donde conviven representaciones zoológicas con sofisticación técnica.

¿De dónde proceden las esculturas de la Sala degli Animali Vaticano?

La mayoría de las piezas provienen de excavaciones del siglo XVIII en yacimientos romanos del Lacio, especialmente de la Villa Adriana en Tívoli, las termas imperiales de Roma y colecciones nobiliarias romanas. Muchas llegaron bajo el pontificado de Pío VI, quien fue especialmente activo en las campañas de excavación y adquisición arqueológica. Algunas piezas son fragmentos antiguos restaurados, mientras que otras fueron completadas o incluso creadas casi enteramente por el escultor Francesco Antonio Franzoni.

¿Cuál es la función de Francesco Antonio Franzoni en la Sala de los Animales?

Francesco Antonio Franzoni, escultor genovés nacido en 1734, fue responsable de restaurar y, en muchos casos, crear casi completamente buena parte de las esculturas. Trabajó bajo la dirección de anticuarios como Giovanni Battista Visconti. Su talento para integrar fragmentos antiguos con añadidos modernos resulta admirable, aunque en varios casos el fragmento antiguo es mínimo y el resto es obra suya neoclásica.

¿Cuáles son las esculturas más destacadas de la Sala de los Animales de Roma?

Entre las piezas más notables destaca un camaleón en mármoles policromos que imita la textura del reptil con sofisticación técnica. También hay leones monumentales que capturan elegancia imperial, perros de caza con expresividad cotidiana, y animales exóticos como elefantes, rinocerontes e hipopótamos que reflejan la fauna del imperio romano. Igualmente presentes están criaturas mitológicas como grifos e hipocampos que convivían naturalmente en el imaginario romano.

¿Cómo se llega a los Museos Vaticanos desde el centro de Roma?

La forma más cómoda es tomar el metro hasta la estación Ottaviano de la línea A, desde donde el acceso queda a unos diez o quince minutos a pie. También hay varias líneas de autobús que paran cerca de la entrada en Viale Vaticano. Alternativamente, desde Trastevere o el Tíber se puede cruzar por Castel Sant’Angelo y continuar a pie, ofreciendo una perspectiva bonita de la muralla leonina y la cúpula de San Pedro.

¿Cuánto cuestan las entradas a los Museos Vaticanos en 2026?

Las entradas suelen rondar los veinte euros para adultos, aunque conviene verificar el precio actualizado en la web oficial de los Museos Vaticanos antes de comprar, ya que pueden variar según el tipo de entrada o las visitas guiadas disponibles. Se recomienda reservar con antelación a través de la web oficial para evitar largas esperas en temporada alta.

Autor: <a href="https://gravatar.com/inventive784d65982e" target="_blank">Alberto Delpan Pérez</a>

Autor: Alberto Delpan Pérez

Publicado el 1 Jul 2026


Nacido en 1975 en Zaragoza, España, Alberto es un apasionado de los viajes y de las palabras. Lector empedernido desde niño, cambió las bibliotecas por aeropuertos y ahora combina sus dos pasiones escribiendo para Carpe Diem Tours sobre los lugares que descubre por el mundo.